9/07/09

Jom, suit jom

Ah, qué lindo es volver a casa...

A una ciudad Pro, a una provincia en la que el marketing es lo más, a un país en paz y con la redistribución de la riqueza a flor de piel; todo por el bien de los argentinos. Todo lo elegimos los argentinos.

Hermoso es leer los diarios y, a la distancia, saber que ya hay como 60 muertos por la gripe porcina.

Que cerraron los teatros y algunos cines.

Que también hay restricciones en pubs y boliches.

Que hay mucha paranoia.

Que se agotó el alcohol en gel y que casi no hay barbijos en la ciudad.

Que si estornudás ya no te dicen "salud!!" sino "ay, qué asco".

Que los medios ayudaron a tapar el dengue con la porcina, la porcina con las elecciones y, ahora, el resultado de las elecciones con la porcina.

Qué lindo es enterarse de los procesos judiciales de diputados electos y del futuro jefe de la policía metropolitana.

Ah... qué placer volver a mi país.

Si no se cae el avión, en unas horas estoy por allá.

Salud! (o qué asco...)

7/07/09

Lo que es tener buen culo

Día libre en Lima.

A pasear un poco.

A comprar unos regalitos.

Y a meterse en una especie de shopping, a huevear.

Ahí estaba, mirando y mirando, cuando vi en oferta unos pantalones tipo cargo que me gustaron mucho.

Saqué uno, lo volví a colgar. Otro. Y otro. De color crema, verde musgo, azul, marrón, negro...

En determinado momento, me decidí: me pruebo estos dos. Los agarré, pregunté dónde estaban los vestidores y entré a cambiarme.

Y ahora voy a adelantarme en el relato: salí del probador riéndome de mí mismo, descostillándome de risa, a pura carcajada al punto que nadie entendía nada, los empleados me miraban pensando que había fumado alguna cosa rara ahí adentro. Pero no.

Pasó que me probé el primer pantalón y me quedaba enorme, claramente el 32 de esa marca no era mi número, no era mi talle.

Pasó que me probé el segundo y me quedaba un poco chico, ya de piernas, medio justo. Pasó que me lo subí igual, que me calzó demasiado justo, que me apretó un poco, pero me cerró.

Pasó que -disculpen, chicas impresionables- los huevos se me apretaron como matambre en su hilo.

Pasó que mi culo era una manzanita.

Pasó que me sorprendí. Hasta les diría que me gusté.

Pasó que me saqué el pantalón, que busqué de nuevo el talle.

Pasó que la etiqueta de ese pantalón, igual al otro, igualito en modelo y en marca, tenía un bordado de flores del lado de adentro.

Pasó que decía: "Woman".

Pasó que me puse un pantalón de mujer.

Y pasó que comprobé que con un buen pantalón, hasta yo tengo buen culo.

6/07/09

La voy a extrañar

A diferencia de Pequeña P, y de tantas otras, ella es rubia.

Y nunca me dijo que no.

No histeriqueó conmigo. No me corrió el pico y, lo tengo que reconocer, hemos cruzado pico con pico muchas veces, a toda hora, hasta en la soledad del hotel.

Porque también estuvo conmigo en el hotel.

Ella es rubia, decía. Es delgada, ligera, fresca y alegre.

No es tan jovencita, pero sí es bien peruana. Y acá la quieren todos: no hay quién se le resista.

Y repito: estuvo conmigo. Pero la tuve que compartir con otros.

A horas de volverme a Buenos Aires, voy a confesarlo: no extrañaré mi chamba peruana, ni a mi ahora amiga Pequeña P, ni a mis amigos Reyes y León, ni las cenas en Patagonia, ni las hamburguesas de Bembos. No voy a extrañar tampoco el arroz chaufa con pollo de mis almuerzos en Jerrys, ni el chancho al ajo del chifa al que fui con Reyes. Ni las tardes noches de billas en Billas People (billas se le dice acá al pool).

Creo que tampoco voy a extrañar las caminatas por el malecón. Ni la buena vida de Miraflores. Ni los bares de Barranco. Ni a mi amiga Sushi Punk. Ni a su amiga que está más buena que un plato de ravioles, que creo que se llamaba María Ale. Ni a la Cusqueña. Ni al pisco sour. Ni a Larcomar.

Mi estadía en el Perú, un mes entre el 24 de abril y el 24 de mayo, otro mes entre el 10 de junio y el 9 de julio que se avecina, me acercó a ella, a la rubia, como a nadie. Me la llevaría a Buenos Aires. La tendría conmigo para siempre.

Voy a extrañarte mucho.

A vos, realmente, sí, mi querida Inca Kola.


3/07/09

Regalo

Para la semana de la dulzura debería bastarles conmigo...

Pero bueno. Por las dudas, acá tienen:



Ahora Jota quiere el beso.


(y sí, la lejanía lo pone mimoso)

1/07/09

Baja?

Tiempo atrás, en mi primera estadía en Lima, les conté sobre los problemitas del ascensor.

No bien volví a Buenos Aires, mis compañeritos de trabajo me mandaron un mail avisándome que los problemas ya estaban resueltos. Y, ya de nuevo en Lima, encontré en una de las paredes de la oficina una foto con una leyenda. La leyenda decía: "Se fue el Che y todo funciona". En la foto, quince de mis compañeros se apretujaban dentro del ascensor que, por entonces, funcionaba a la perfección.

Duró unos pocos días y volvió a fallar. Y lo cerraron, a la espera del arreglo definitivo. Y cuando volví, hace veinte días, todavía seguía roto.

Hace algunas semanas, una empresa comenzó con el arreglo del ascensor. Parece, o al menos dicen, que lo van a cambiar. Que van a poner uno nuevo y están reacondicionando el interior del agujero. Desde hace días que se ven tipos metidos adentro y una luz que sube y baja, que no sería otra cosa que el ascensor en pleno proceso de prueba.

Ayer, al volver del almuerzo que me ofrendaron las tres únicas chicas del trabajo (Charo, Margarita y Natalia), comentamos la molestia que implicaba subir esos cuatro pisos (con doble descanso, ya que se trata de un edificio viejo) varias veces al día.

Y a las pocas horas ocurrió lo peor:
-Oye, parece que ha muerto alguien -dijo otro alguien, no el supuesto muerto.
-En dónde? -consulté.
-Aquí mismo. En el ascensor.

La lluvia de chanes goteó por todas nuestras cabezas -aunque ninguno acá sepa de qué chanes hablo-.

Mi amigo Reyes y yo bajamos las escaleras, cual viejas chusmas, para ver si era verdad. Y así era: el hombre de seguridad del edificio custodiaba la puerta de entrada, mientras una muchedumbre de curiosos se agolpaba en la puerta. Una ambulancia y un camión de bomberos coronaban la escenografía.

La noticia era dura y cruel: mientras un par de operarios trabajaba dentro del hueco del ascensor, éste, de manera sorprendente y automática, se desmadró y cayó sobre sus cabezas.

Con Reyes volvimos a subir. Y yo, nuevamente agitado, fui directo a buscar la cámara de fotos.

Y retraté a los curiosos de la vereda de enfrente.



Y la fila de automóviles que se acumulaban por la angosta callecita Miró Quesada.



Y la ambulancia, y el camión de bomberos.



Y después de una larga espera, salió un cuerpo en una camilla. Y estaba vivo!! Se movía! Tanto que la foto salió movida...



Al rato, llegó la nueva noticia:
-Oigan, parece que había un muerto, nomás.

Entramos a los diarios locales y ahí estaba: un muerto y un herido.

Y si no lo creen, fíjense, con videíto y todo en el que se ve la entrada del edificio.

Cuando me fui del edificio, a las 22.30, había un camión de la morgue. Todavía estaban sacando el cuerpo del muerto.

Por suerte, ahora no va a haber más accidentes.

Ya están todos avisados:


Acerca de MdP!

Este blog contiene historias propias, algunas pocas ajenas de personajes cercanos, que se funden una en otra bajo el mismo don. Todos los protagonistas son (somos) perdedores: en el trabajo, en el amor, en el sexo, en la suerte, en el día a día, en la vida. Porque para algunos, como yo, ser perdedor dejó de ser un problema: ya es un destino ineludible. He aquí las historias. De derrotas, caídas, papelones. Derrumbes en general. Nos pasa a todos, no?

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